sábado, 13 de diciembre de 2014

Amen a lo Benedetti





                                                                           
                                                                                

¡Amen!, sin más
 Así sin impaciencia, sin cama, sin ímpetu
Amen, así en imperativo
 Amen sin acento a segundas personas
Y díganle a terceras que amen
Amen sin estridencias, sin imposiciones, sin chantajes
Amen el sol, al vecino,  al de la farmacia
Amen así, sin más
Amen sin sexo, sin obediencia, sin anillos
Y sin venir a más, simplemente Amen
Amen, así, de cualquier modo
Amen por el gusto de amar
Amen sin ruido, sin vocerío, sin amenazas
Y cuando se dé la vuelta
Siga amando, ame de forma imperativa
Ame en segunda y a terceras personas
Y así como dice Benedetti
Cuando llegue la hora de la guerra, de los odios, de la venganza
Siga amando, ame hasta que le duela la mandíbula
Pero esta vez, ¡amense!, amen, entonces, en defensa propia.


Los besos saben a versos

                                                                           
     


Se depositan en mi nuca como lágrimas templadas
 erizan la piel de mi médula espinal
De arriba a abajo
de abajo a arriba
Se depositan en mi espalda como palomitas de plata
erizan la piel de mi labios
De dentro a afuera
de afuera a dentro
Se depositan en las corvas de mis piernas
erizan la piel de las palmas de mis manos
De soltar y de coger
de coger y de soltar
Recorren mi cuerpo como versos entrelazados
provocan hormiguillas de luz blanca
cierran como persianas mis pestañas
y les hacen descansar del sol
Se depositan en mi vientre como arañas de seda
erizan la piel de mi senos
De rabo a punta
de punta a rabo
Recorren mi cuerpo como versos entrelazados
provocan relámpagos de luz blanca
Cierran las ventanas de la realidad
Y me hacen descansar del sol
Se depositan en mis labios como libélulas traviesas
erizan la piel de mi alma
De la cabeza a los pies
de los pies a la cabeza.

El nuevo viaje



                                                                             


El mundo no parecía tan grande desde aquel lugar, podía distinguir los colores verdes y tierra de los paisajes del exterior,  casi oler las flores y los frutos que colgaban de las grandes plantaciones de árboles frutales. La  ventanilla emitía un sonido repetitivo como  la campanilla de algún móvil colgante, le recordaba a alguna música conocida. Una extraña corriente pasó por su vera, la piel se le erizó, se rebulló en el asiento, se tapó con la confortable mantita de viaje, la corriente volvió a pasar por su lado. Se iba acostumbrando poco a poco a identificar cada nueva sensación, desde el accidente todo había cambiado, había cambiado el entorno, los amigos, la casa y ahora el lugar donde vivir también cambiaba. Asumía como un reto ese nuevo mundo que desde la oscuridad de sus ojos ya sin vida tenía que descubrir. Identificaba cada olor, cada color que se escondía en los recuerdos de su mente, cada forma, algunas caprichosas y cambiantes en las imágenes que dibujaba en su cerebro. Lo único que no identificaba, a solas en el asiento del tren, era la corriente caprichosa que a ratos pasaba a su lado recordándole el aroma de un perfume conocido.

Corazón de LA para Deivid


                                                                               


A Los Ángeles se accede desde la autopista del Sur, intentas no perder la paciencia en las tres horas de cola interminable que como una serpiente de luz cubren los seis carriles. Llevas el sol todo el rato frente a tus ojos, y dejas a tu derecha interminables washingtonias robustas que despliegan sus palmas pidiendo auxilio al mismísimo cielo.  En la radio escuchas KissFM y todos los temas te suenan a añejos, a repetidos, mientras cantas observas en la distancia, nostálgica, las caras fantasmas de un muro que tras su blanca palidez esconde al maravilloso Hotel California. Vuelan a tu alrededor colitas ascendentes que coquetean a forma de lluvia con el parabrisas del coche. A tu izquierda te sobrepasa una limousin de cinco pisos blanca y el sol, sin justicia, envuelve el ambiente de amarillo dorado irradiado brillante a las doce del mediodía. Entonces al fondo ves la ciudad mágica, el corazón de LA se eleva por encima del resto de la ciudad que se desparrama de forma circular desde donde estás hasta el mar. Desde encima del scalextric multicolor y acelerado, detrás del letrero de LAX se ve palpitar la ciudad, como si fuera un gigante enorme a punto de desperezarse. Entras por la zona suburbial, los barrios peligrosos, esos en los que la gente no entiende de la riqueza de Hollywood ni de la fastuosidad de Venice Beach. Luego coges la avenida del Mar, esa que se hunde en un subterráneo interminable, y terminas precipitándote en Marina del Rey, allí es donde la gente como tú y como yo paseamos, nos acercamos peligrosamente a los pelícanos y a las gaviotas y buscas un lugar en el césped limpísimo en donde comerte un hotdog con patatas fritas y un enorme vaso de Coca-cola. Deivid, pero si quieres venir conmigo a LA, búscate una bonita y alta palmera y contempla como vuelan los ángeles de California rondando su copa buscando el cielo azul intenso.

                                                                          M Yolanda Gª Ares- Antología de viajes

domingo, 30 de noviembre de 2014

Caminante, aunque no haya camino, camina - Nov 2014




OH, DIME, NOCHE AMIGA, AMADA VIEJA
(Antonio Machado)
¡Oh, dime, noche amiga, amada vieja,
que me traes el retablo de mis sueños
siempre desierto y desolado, y solo
con mi fantasma dentro,
mi pobre sombra triste
sobre la estepa y bajo el sol de fuego,
o soñando amarguras
en las voces de todos los misterios,
dime, si sabes, vieja amada, dime
si son mías las lágrimas que vierto.
Me respondió la noche:
—Jamás me revelaste tu secreto.
Yo nunca supe, amado,
sí eras tú ese fantasma de tu sueño,
ni averigüé si era su voz la tuya
o era la voz de un histrión grotesco.
Dije a la noche: —Amada mentirosa,
tú sabes mi secreto;
tú has visto la honda gruta
donde fabrica su cristal mi sueño,
y sabes que mis lágrimas son. mías,
y sabes mi dolor, mi dolor viejo.
—¡Oh! Yo no sé—dijo la noche—, amado,
yo no sé tu secreto,
aunque he visto vagar ese que dices
desolado fantasma por tu sueño.
Yo me asomo a las almas cuando lloran
y escucho su hondo rezo,
humilde y solitario,
ese que llamas el salmo verdadero;
pero en las hondas bóvedas del alma
no sé si el llanto es una voz o un eco.
Para escuchar tu queja de tus labios
yo te busqué en tu sueño,
y allí te vi vagando en un borroso
laberinto de espejos.

















CAMINANTE AUNQUE NO HAYA CAMINO; CAMINA 
Caminante aunque no haya camino, camina
No te ciñas al camino del tiempo
No temas ser gota viuda que se escurra del caño a la losa de la fuente fría y seca en verano
Estallándose en mil pedazos de color del diamante bajo los rayos del sol
Disfruta de los colores cárdenos de cada atardecer
Contempla la muerte del sol diario
mírate en el espejo del amanecer
Caminante aunque no haya camino, camina
No escuches el tic-tac cansado del reloj insistente sobre el pedestal de mármol
No repares más de un minuto a contemplarte absurdo, vacilante, estúpido ante el espejo
No te pierdas en laberintos sin nombre, sin estrategia, sin salida
Caminante aunque no haya camino, camina
Así como el viejo olmo hunde la raíz en la tierra y abre surcos para respirar
Así hunde tu huella en tu propia historia
Echa raíces de conocimiento
Expande tus ramas al cielo
El amor te está esperando en cada esquina
Deja que el hongo venenoso muera
Caminante aunque no haya camino, el camino se abrirá
Caminante mientras caminas el camino se hará
Al andar no habrá camino y al volver la vista atrás
Verás un ramo de huellas que te llevarán al final
Caminante, aunque no haya camino, camina

Camina y harás camino, la senda por donde andar.


Parafraseando a Antonio Machado- Mª Yolanda Gª Ares 

domingo, 23 de noviembre de 2014

Matar a la verdad - Tema: La mentira (para la tertulia de La Alegria)

                                                                                



Quien vive en la mentira
                      Elude

                                    Enreda

                                    Engaña

Embrolla
                 Falsifica
                                 Inventa
                                               Calumnia


                                                                                                              Confunde


                                                                       Deforma




                           Mezcla


                                                                                                                                               Traiciona
                                                                        

                                                                      Transversa
                                                                   Hiere de muerte
                                                                   Mata a la verdad


lunes, 3 de noviembre de 2014

Cabalga a concertina

Vallas espinadas
rasgan tu piel
luna sin as
vallas metálicas
enredo del aire
cárcel sin red
Vallas paralelas
precipicio en tierra de nadie
pared sin precio
Vallas armadas
mundo inalcanzable
................................
ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ
ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ
................................
Murmullos
cruda ironía
gritos
estúpida sordera
desesperación
espera interminable
Camina tu mundo ideal
 montado a caballo
de una valla de metal



miércoles, 29 de octubre de 2014

Tiremos de la cuerda






Juguemos a tirar de la cuerda
De un lado y del otro,
Tensemos esta línea infinita de puntos
Tiremos hasta que nos duela el alma
Mientras el borde del universo llega a su punto de inflexión
Es un gran vientre de alquiler
A punto de reventar
Es un no nacido a punto de despertar
Tensemos la cuerda
Yo de un lado, tú del otro
No te salgas de la línea de puntos
No rompas la norma, la ley
Aunque sea injusta, no la quiebres
No hay momento de predecir el momento
El pañuelo verde sigue en un centro imposible
Oscila a ambos lados, saca de una vez el pañuelo blanco
La línea está hundida en el fango
Los puntos se disuelven en el infinito
Tú y yo como puntos
Hundidos en el fango
Vamos a jugar a tirar de la soga
Tú de un lado, yo de otro
Mientras el universo estalla en un parto difícil
Contracciones dolorosas, rompe aguas
Aumenta el fango, estalla el volcán
Se desencadena un huracán, hay que respirar
Tiembla la tierra
Mientras tú y yo tiramos de la soga
¿Quién cuidará al nuevo amo del universo?
Mientras tú y yo tiramos de la soga
Con los pies hundidos en el barro

domingo, 26 de octubre de 2014

Nube de poetas: como vencejos














Como vencejos                                                                                                                          vencejos
           vuelo paralelo                                                                                            pensamiento volátil
                     picos habladores                                                                   hablar pensante
                               hábito aerodinámico                                         aéreo habitáculo
                                           amalgama de versos                  versos arrebujados
                                                  ave otoñal en grupo y como vencejos
                                            alas incansables                         insoportable audacia
                                hálito divino                                                                dádiva heroica
                      plumas azafatas                                                                                 ara plumea
              vertido letrado                                                                                                 luna versada 
común imposible                                                                                                                    comunidad
                                              si caigo                                                   me levantas
                                              si caigo                                                    me elevas
                                              si caigo                                                    me sostienes
     como vencejos en vuelo

sábado, 11 de octubre de 2014

Poema bucle sin fin para acosadores


                                         




Ahora que desfilan los silencios detrás de la noche
Ahora que he dejado el alma chorreando tras la puerta del baño
repleto de olores perfumados de lavanda y leche de coco
Ahora, dime que no fue acoso tu exigir
Dime que no fueron acoso tus intentos
Dime que no fueron acoso tus juegos ñoños, adolescentes
Ahora que desfilan murmuraciones extrañas
Ahora que se revientan los nudos de amigos invisibles
tras un cristal frío de sombras no amigables
Ahora, júrame que no fue engaño
Dime que no engañaste a la inocencia pertinaz, a la sonrisa abierta
Dime que no engañaste a la rosa ilusionada
Ahora que lo pienso, debió de ser tan fácil
Ahora que sedientas regresan las sombras líquidas del deshielo
Ahora que sabes que todo aquello nunca fue un juego
Dime que escuchaste mi "no" desde el primer momento
Cuéntame qué fácil fue echar sobre mi una capa de lodo
Cuéntame ahora en una de tus conversaciones eternas,
bucles sin fin y repletos de agotamiento inútil
 que juegas al juego de las escondidas
A echar de tu vera, lo que lloras con lágrimas furtivas 
Dime ahora que no puedes arrancar del corazón
Lo que no quisiste entender con la cabeza.
Ahora que el sol esconde tu malas artes
Dile a la luna que te has quedado vacía, que guardas con tesón el envase
Cuéntale al mundo que te equivocaste

domingo, 21 de septiembre de 2014

Culos desfilando y alaba-culos inoportunos (Historias recónditas de la ciudad de Cádiz)

                                                                                  



Canto en una coral, eso ya lo sabeis todos. Nuestro uniforme es algo discreto y lacio, pero que yo agradezco, es negro y sin llamar la atención, todos y todas con pantalón. Para sufragar el coro cantamos a ratos en algún evento y también en alguna que otra boda que nos surge aquí y allá. El otro día nos tocaba cantar en la barroquísima iglesia de San Francisco, que se sitúa en un lugar  donde es practicamente imposible acceder en coche. Me deja mi esposo en la esquinita de la calle Antonio López y empiezo a subir cargada con mi gran bolso lleno de partituras, cepillo, laca, y todas  esas cosas que el acicalamiento femenino nos obliga a llevar si queremos estar decentes y arregladas para la ocasión. La calle que se empina en un ángulo de unos quince grados hasta desembocar en la Plaza Mina, es un estrecho paso justo para dos pequeñas y defectuosas aceras y una carretera por la que desfilan hacía nosotros a toda velocidad , mil y un coches. Yo consciente de que la boda es dentro de una media hora, aligero el paso con mis zapatos altos cómodos y urbanos que acabo de comprar, para poder jubilar los durísimos de charol que no me dejaban ni respirar. Tengo que frenar la carrera ante la presencia de lo que presiento son algunas invitadas a la misma boda a la que yo me dirijo, por su atuendo. De repente desde abajo de la calle, apenas avanzados treinta metros, nos gritan unos ejemplos maravillosos del patriarcado reinante: "¡Quilla! ¡cojonesssssss! ¡quítate de en medio!", miro hacía atrás y veo a cinco ciudadanos puramente gaditanos afianzados en la esquina del bar, de los cuales uno corrige y dice "¡¡Que no cojones, que esa también tiene un buen culo!!!" y entonces miro hacía adelante y ahí me doy cuenta de la cuestión.
 Delante mía desfilan una muchacha de uno y ochenta centímetros de alta, grande y esbelta   con un vestido corto de esos imposibles de llevar para cualquier mortal, y la que yo presiento no tiene mucho más allá de veinte años. Camina haciendo equilibrios sobre un par de zapatos peligrosos de altos, cuidando a una señora mayor , intuyo, maldiciendo internamente a los señores de la esquina que siguen cantando sus maravillosas frases halagadoras para la joven, aunque todo hay que decirlo, también para mi culo. Me llaman muchacha, lo cual no deja de halagarme porque aquella edad la dejé ya algo atrás, se que es a mi, porque dicen de continuo " A la de negro, échate par laito y así os vemos a la dos". Lo coches siguen bajando, la calle sigue complicándose, la muchacha sigue haciendo aspavientos imposibles, los "piropos" siguen inundando el ambiente. Mi pelo se va alborotando, yo ya no veo coches bajando, veo culos y culos desfilando delante de mi cara, cosa normal porque soy como unos treinta centímetros más baja respecto a la altura de la muchacha y no veo detrás de mis gafas mágicas la hora de volar y de llegar antes que las invitadas a la boda. Intento relajarme, canto mentalmente el Aleluya de Heandel, la muchacha da un traspiés, da otro , pienso "Ay dios mio, que no pegue el cebollazo aquí en medio". Los tipos ya apenas se escuchan, hemos avanzado otros treinta metros. Por fin puedo cruzar. Me olvido de la chica, de su culo, del mio y de lo complicado que ha sido siempre esconderlo. Llego al ensayo previo, tarde para variar. Me fijo sin querer en los culos de mis compañeras. Me fijo en los de mis compañeros. Tampoco son tan distintos. Sin embargo no he visto nunca a una pandilla de chicas diciendo tal cantidad de tonterías ante un grupo de chicos monos con bonitos y excelsos culos, que haberlos haylos. Me miro el mio de reojillo, tampoco está tan mal para mi edad. Ahora si se me viene a la cabeza el grupo de la chica, el minivestido, los maxitacones, la maxialtura, la abuela mayor de negro, y no se quién más con su correspondientes culos delante nuestra, los hombres con sus griteríos, la situación estúpida de nervios. Sigo haciendo la lectura mental de los improperios merecidos dentro de la cabeza de la chica y pienso que la que mejor iba era la abuela, ella ya no tiene culo, ni tetas, ni nada, ella solo tiene su vestido arreglado negro de domingo y hace tiempo que los piropos pasaron a mejor vida aunque ella aún se resiste. En verdad ella es la que mejor iba a la boda, la más cómoda, la más pancha y la más tranquila. 
Eso si, y a forma de conclusión, decir que debe de ser un nuevo deporte eso de quedar en el bar de la esquina de turno, allí apoyados en el cañón cervecita en mano, y recibir con mil albricias y emocionados vítores a las asistentes de las bodas y a sus, sin duda, fluctuosos culos; pero chicos, con todo mi cariño ¿no sería mejor dar una vuelta con la parienta y cogérselo a ella, allí mismo, in situ? ya que eso del desear lo ajeno crea mucha pero que mucha ansiedad. Si  después de leer esta historia recóndita de mi bonita ciudad, no me creen y piensan que exagero, no duden ustedes en ir a la esquina de cualquier calle que lleve a cualquier iglesia del casco viejo, cualquier sábado o domingo, días en los que se suceden las celebraciones de bodas católicas  y colóquense cómodamente en la esquina que mejor vista tenga, esperen un ratito, observen , vean y luego me darán la razón.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Tanka I (jugando a que hago poesía japonesa)

Golondrina huida
pasaje de mi legado
rojo pectoral
Duelo volátil nocturno
Vuelo sutil de lágrimas
M Yolanda García Ares- Derechos reservados

lunes, 8 de septiembre de 2014

Mi fantasma se llama fibromialgia





Hace años te instauraste en mi vida
Mi cuerpo, entonces joven, se negaba a aceptarte
No te conocía, no sabía de lo que eras capaz.
En mi ciega rebeldía, me anquilosaste, 
hasta el punto de no poder sostener a mis hijos pequeños en brazos
No sabía lo que pasaba, el sin fin de síntomas que tenía
volvía loco a los cien médicos que visité
Cada uno daba un diagnóstico distinto
Pero yo me agarraba estúpidamente a la idea de no tomar medicinas
hasta no tener un diagnostico claro
Al final, y después de años
un médico, te dio nombre
Mi mente no entendía que significaba aquello
¿por qué a mi que llevaba una vida sana y normal?
No era capaz de medir en qué cambiarías mi vida
mi ritmo, mis gustos, mis costumbres.
Después de llorarte tanto, logramos llegar a un acuerdo
Tú me dejarías vivir más o menos
a cambio de yo dejar muchas cosas a un lado
como, por ejemplo, dejar de coger a mi hijos en brazos.
Desde entonces la tregua ha funcionado.
Tú me has dolido de vez en cuando
para recordarme que estás ahí
Yo he ido abandonando cosas en la cuneta
para poder sobrevivir.
Sigo sin cebarme a medicinas,
tú no te has ido jamas
Mis hijos han crecido, mi casa ha crecido,
he ido abandonando cosas.
Pero siempre quieres más, 
yo me niego, me revuelvo, te llevo la contraria
Entonces haces lo que hoy
Te presentas por sorpresa,
rompes la dinámicas del juego.
Me rompes la cara por dentro, entre mareos y dolor,
vas inundando cada parte de mi cuerpo.
Rompes como el cristal cada junta de mi esqueleto.
Me inundas a dolores que me comen la moral,
me asustas, me das miedo.
Me llevas a unas urgencias antes un médico atónito
que solo diagnostica salud.
Me mira perplejo, quizás con lástima,
no te nombro ¿para qué?
Hace años que se quién es mi fantasma
Se llama fibromialgía y a veces me da miedo
porque no se medir hasta donde es capaz de llegar. 


domingo, 7 de septiembre de 2014

La Colmena

                                                           




Enredaderas trepadoras se abalanzan sobre las mieles oscuras de abejas dóciles
Hay poco aire respirable, el ciego no quiere ver más allá de su nariz
Una suerte de amigas oportunas
Un ramillete de familiares no existentes
Una patulea de niños comilones
Un mundo acomodado a su innecesaria necesidad
Surgen como hongos venenosos la mentira y el engaño
No los toques, no los respires
No mueras solo por ser persona
No desaparezcas
No huyas
No, no
No temas
No desesperes
No mueras solo por ser humano
No escondas tus manos, respira
Surgen en todos lados, es la necesidad de ser bizarros
Un mundo perdido en su inmensidad inhumana
Una patulea de niños manazas
Un ramillete de familiares lejanos, alejados
Una suerte de amigas desaparecidas
Hay poco aire para todos, el sordo no quiere oír más allá de su oídos
Habitación cerrada y oscura que me encierra en una colmena de abejas no siempre dóciles



jueves, 4 de septiembre de 2014

Escape your glaze cage from September !




September
Wake up! 
Entry in the glaze cage!
Come out of your calm sea!
Flee from your silence!

Wake up! It´s urgent
Run! It´s occupies the packed classroom
Look obsessively!
It´s a digital blackboard
Fixe without any complaint letters in your empty brain.

Wake up! Run!
Flee fast! Don´t feel!
Only: complete! Copy! Read!...

Wake up!!
Escape from September

(Composición en inglés- M Yolanda Gª Ares)


Escapa de tu cárcel de cristal de Septiembre

Septiembre
¡Levántate rápido!
¡Entra en la cárcel de cristal!
¡Sal de tu mar tranquilo!
¡Huye de tu silencio!

¡Levántate, es urgente!
¡Corre!¡Ocupa el aula abarrotada!
¡mira obsesivamente la pizarra digital!
¡Fija sin rechistar letras en tu cerebro vacío!

¡Levántate, corre!
¡Huye de prisa!¡ No sientas!
Sólo: rellena, copia, lee...
¡Levántate!
escapa de Septiembre!

Traducción- M Yolanda Gª Ares


miércoles, 3 de septiembre de 2014

La corona de golosinas



                                                                                  

Había una vez un hombre que tenía una corona, era una corona muy apetitosa porque era de chocolate y golosinas y todos a su alrededor se sentían atraídos por ella. A cada merito que el hombre obtenía con su buen hacer, la corona aumentaba de tamaño, y según iba sumando éxitos y chucherías, más y más personas se agolpaban a su alrededor.
Un día vio un zigurat muy alto que tenía muchas escaleras. El hombre pensó que ya estaba preparado para subir hasta arriba y comenzó a ascender. De vez en cuando, como no iba solo, se paraba y se dirigía a alguien de su alrededor y les hablaba de este modo "- Hola, soy un hombre importante y tengo una corona, todos debéis de adorarme y de alabarme porque soy un hombre muy importante" y de esta forma se iba rodeando de personas que lo idolatraban y se iban comiendo sus chucherías, que él daba generosamente contar de que le rodeara mucha gente. A su alrededor veía rodar algunas personas hasta abajo del todo una y otra vez, una veces por cansancio y otras veces por falta de apoyo; él no se dignaba ni si quiera a ayudarlos  porque él llevaba una corona y podía perderla al agacharse. Tenía que cuidar su corona porque era su gran tesoro. Sin su corona nadie le querría.
Un día en su escalada, el hombre habló con una mujer a la que no conocía "Hola, soy un hombre importante y tú no sabes quién soy, pero como soy tan importante que debes de quedar conmigo para cenar", la mujer lo observó durante largo rato, y le dijo, solo puedo estar contigo este día, ósea hoy, los demás días me es imposible, además tendrás que dejar tu corona a un lado porque las personas que vienen a compartir mi mesa deben de estar todos a la misma altura, el hombre se rio de semejante ocurrencia y decidió ir a la cita con su corona, la mujer pensó mientras que nunca más lo vería. Ella siguió subiendo lentamente el zigurat, adquiriendo más y más sabiduría pero por la noche el hombre acudió día a la cita, el hombre y la mujer se saludaron amistosamente pero con reservas, cada uno se dejó su espacio, y se observaron disimuladamente un buen rato. Cuando se hubieron reconocido, por fin el hombre dejó a un lado, aunque no muy lejos, su corona y fue capaz de ser uno más en aquella mesa de amigos. Una vez terminó la reunión que fue muy agradable y amistosa, ambos estaban satisfechos del encuentro pero se despidieron con cierta pena y pensando en la posibilidad de no volverse a encontrar. El hombre cogió de nuevo su corona y se la encajó bien en la cabeza en el regreso a su casa. Iba pensando, nunca más me quitaré la corona.
Así que siguió subiendo escaleras y siguió encontrándose con gente y siguió presumiendo de que tenía una corona muy grande, pero según subía se sentía más cansado. Al llegar arriba del todo al pasar mucho tiempo, se encontró con una sorpresa. En la parte de arriba del zigurat había una mujer sentada en un trono, era una mujer mágica a la que cambiaba la cara constantemente, vamos a decir que era una mujer con la cara de todas las mujeres del mundo. A los pies del trono había un lago lleno de estrellas y encima de su cabeza una luna como una sonrisa. El hombre se sentó agotado en el borde del lago y absorto por lo que veía no supo cómo reaccionar, así que se quitó la corona y la dejó a un lado recordando la cena con la anterior mujer que no sabía por qué le recordaba mucho a esta aunque tuviese todas las caras de las mujeres del mundo.
El hombre por fin se dirigió a ella de este modo "- mujer, quiero seguir subiendo porque soy un hombre importante, quítate de la escalera que quiero pasar y ver el mundo desde el cielo". Ella sonrió con sus múltiples caras, que reflejaban a todas las mujeres del universo, y cada una tenía una sonrisa particular y especial. Ella se echó a un lado y dejó que el hombre se asomará por detrás del sillón. El hombre no esperó ni a que se retirara, impetuoso miró lo que le esperaba detrás del trono, entonces fue cuando descubrió que no había más escaleras, sino un gran precipicio y allí todas las penas del universo.
La visión de todo aquello lo dejó tan impresionado que afligido se sentó en el sillón y comenzó a llorar amargamente, pero al verse en el trono se calmó y le habló a la anfitriona "- Oye mujer, dame mi corona, que ahora este trono es mío, soy un hombre importante y merezco este trono", la mujer le miró con pena, y le dijo así con una voz firme pero melodiosa "- ¿dónde está tu corona?, Yo solo veo un montón de miguitas de colores en el suelo, no hay corona" El hombre se dejó llevar por la ira al ver que unos gorriones se habían comido su gran tesoro y comenzó a gritar exigiendo su corona.
 La mujer metió sus pies en el lago repleto de estrellas, inmediantamente una luna en forma de sonrisa se puso en su cabeza. La mujer parecía más majestuosa que cuando estaba sentada en el trono. Sintió lastima del hombre que tenía un berrinche de un niño pequeño. Durante mucho rato no le habló, solo dejó que se recreara en su dolor, sentado en el sillón que no era ni si quiera un trono.
Dejó pasar el tiempo, por fin pudo ver que el hombre iba remitiendo en su berrinche y estaba distraído mirando como ella movía los pies dentro del lago de estrellas. La luna brillaba como nunca sobre su cabeza, para dirigirse a él esta vez, prefirió dejar fija la cara de una mujer mayor "- Hombre no quiero reprocharte nada, pero te preguntaré que para qué te ha servido subir tan rápido el zigurat si ahora no sabes estar" Él la miró y se dio cuenta que había aprendido muy poco, porque había estado demasiado preocupado de exhibir su corona, y ahora no tenía corona, ni escalera para seguir subiendo, solo tenía un precipicio lleno de dolor y en frente una mujer vieja , un lago lleno de estrellas donde esa extraña señora se lavaba los pies con una luna brillante y sonriente sobre la cabeza. El hombre se sintió roto de dolor. Al levantar la cabeza pudo ver que la cara de la mujer ahora era la de una niña que le habló con entusiasmo "- Si quieres recuperar tu corona, solo tendrás que superar una prueba: baja al precipicio y recoge tres causas del dolor en el mundo, mételas en una bolsa mágica que te voy a dar y cuando regreses deberás sumergirte en el lago de las estrellas. Dentro del lago hay un baúl y deberás encerrar las tres penas y echar la llave, luego regresarás y tendrás tu corona". El hombre recobró las fuerzas y las ganas pensando que la petición de la persona aquella tan rara era un capricho, pero pensó que si lo hacía le dejaría tranquilo y podría escaparse de allí por alguna escalera escondida, eso sí, siempre hacía arriba.
El hombre comenzó a bajar al precipicio, y según bajaba por la escarpada roca, se iba viendo invadido por una pena terrible, se le iban poniendo por delante todas las penas del universo y su ánimo vacilaba, buscaba donde agarrarse a la desesperada para no caer al fondo, porque cada vez estaba más cansado y solo tenía ganas de no continuar, de repente se sorprendió pensando en que alguien le ayudaría, él que nunca había necesitado a nadie, ahora pensaba en una ayuda, y recordaba a las personas que rodaban a su lado hechas redondas cochinillas por las escaleras del zigurat, recordó que nunca se paró a ayudarlas, solo se limitaba a esquivarlas, y esto le provocó mucha desazón, y quiso abandonar, pero una voz a lo lejos cantaba "- Si dejas de bajar, la tristeza te inundará, coge las tres penas, guárdalas y sube de una vez, ya" y así tatareando, metió sus penas en la bolsa y comenzó a subir.
Cada vez iba más ligero y pronto se halló en el trono de nuevo, buscó a la mujer con la vista y no la vio, la luna ahora estaba redonda y completa sobre el lago. Decidido se tiró al agua oscura para acabar con aquella aventura estúpida, y al entrar a la misma se dio cuenta de que no había agua, nadaba en una especie de aire espeso, que no le dejaba controlar los movimientos, a su lado las estrellas se reían y le lanzaban sonrisas, pero no le hablaban, ni le ayudaban, lejos de eso, lo enmarañaban todo, haciendo que todos sus esfuerzos por llegar al fondo fueran inútiles, entonces cansado empezó a jugar con las estrellas, las lanzaba unas contra otras y solo se escuchaban risas aquí y allá. De pronto escuchó una voz que cantaba "- Si el baúl quieres encontrar, a la luz no debes de mirar, cierra los ojos y busca dentro de ti, ya" El hombre cerró los ojos y de momento estuvo tentado de volverlos a abrir, pero entonces pudo advertir que estaba allí en un rincón, perdido, había un baúl cerrado, y que no tenía llave, cerró los ojos muy fuerte y entonces pudo ver que el baúl se abría, metió corriendo las penas y lo cerró con su férrea voluntad.
Entonces comenzó a subir y bajar, pero no sabía por dónde salir, el hombre seguía con los ojos cerrados, y temía abrirlos por si se distraía con las alborotadoras estrellas de nuevo. Por fin comprendió que debía de abrirlos y al hacerlo se encontró flotando y con una gran luna llena en lo alto, las estrellas se habían retirado a descansar. El hombre pensó en lanzar una cuerda a la luna y así poder salir del líquido viscoso, pero no podía, no tenía cuerda. La luna seguía arriba brillante y oronda sin ni si quiera advertir que él estaba allí. Tan cansado estaba que se durmió. Soñó que la luna bajaba a por él y lo mecía entre su brazos, pero en ese momento se despertó, estaba en el sillón y la mujer mágica, que esta vez tenía la cara de una hermosa mujer, le dijo "- Ya puedes irte, has cumplido con lo pactado"
El hombre se sintió triste por un instante; pero inmediatamente preguntó con voz soberbia "- ¿Y mi corona?" La mujer le sonrió y cambió su cara a la de la mujer mayor, le dijo con voz inflexible pero dulce "- ¿La necesitas?" Entonces el hombre comprendió que no, que sin corona había vencido a la melancolía, había vencido su soberbia, había vencido a su tentaciones, había vencido al miedo, a la pereza, a la codicia, comprendió que ya no necesitaba una corona y comenzó a descender del zigurat por donde había venido, con la única idea de subir a otro zigurat, y a otro pero sin corona. La mujer por fin recuperó su sillón, quise decir trono, quise decir sillón....Metió los pies en el lago de las estrellas, dejó sus penas a la espalda, y se dejó acariciar por la luz de la luna. Su única misión era ayudar a los caminantes que habían perdido su corona.



                                   M Yolanda García Ares- La corona de golosinas